Cambia tu dialogo si quieres cambiar tu vida
Las alegrías como el dolor forman parte de la vida. Tarde o temprano las contrariedades, los dolores físicos o morales hacen acto de presencia en nuestra trayectoria vital. Es normal tener un cierto miedo al dolor por lo que supone de pérdida familiar, estatus social, laboral; aunque la experiencia de mucha gente es que el dolor bien gestionado nos ayuda a crecer como personas, a perfeccionarnos… y aprender.
La incertidumbre también nos genera dolor ante algo que no controlamos y que no sabemos lo que va a pasar. No obstante una cosa es el dolor y otra el sufrimiento que podemos proporcionarnos dialogando interiormente; este último no nos ayuda, más bien todo lo contrario: nos lleva al victimismo.
El lenguaje que nos genera sufrimiento
Aunque haya dolor no dejes que el sufrimiento te atrape
Perdemos un ser querido, el trabajo; tenemos una decepción, un accidente, una enfermedad de alguien próximo o un fracaso profesional. Las emociones de enfado, tristeza, impotencia, etc… hacen acto de presencia y quizás nuestro dialogo interior culpa de ese dolor o contrariedad a ciertas personas, a las circunstancias, a mis padres que no me enseñaron, a la mala suerte, etc. hablarnos así, utilizar este lenguaje es cerrar la puerta a la reflexión, al aprendizaje y nos produce un sufrimiento impotente, nos genera estrés mental y nos ponemos en “modo víctimas”.
Las circunstancias dolorosas, dependiendo de su intensidad, requieren un proceso interior de asimilación; distinto para cada persona y diferente según lo que nos suceda. Lo primero es aceptar que aquello ha sucedido. Le sigue un duelo. Ha cambiado el escenario personal y hay que volver a restructurar nuestra vida. El no aceptarlo es quedarnos estancados y pasar a tener un sufrimiento insano.
¿Cómo interpretamos lo que nos sucede?
Por genética algunas veces tendemos a fijarnos en lo negativo más que en lo positivo. Eso lleva consigo que recordamos mejor y de forma más intensa los malos momentos que los buenos. También en nuestra familia conforme vamos creciendo aprendemos a interpretar el mundo y todo lo que sucede en él. Nos pueden proteger en exceso y transmitirnos la idea de que lo que hay fuera de la familia es un sitio lleno de peligros; sería una creencia que nos limita y nos hace estar siempre en modo amenaza. También nos pueden transmitir que el mundo es un sitio en el que podemos crecer personal y profesionalmente, relacionarnos con los demás para hacer una sociedad mejor; salvando obstáculos y siendo felices sin miedo el fracaso.
Si ante un suceso doloroso que nos paraliza, los pensamientos que tenemos una y otra vez son del tipo: yo no puedo hacer nada… porque es la mala suerte que tengo, afrontamos de forma distinta el dolor o las contrariedades. Así pues, podemos influir en nuestro lenguaje interior y este influirá en nuestras emociones y generar un crecimiento personal.
La realidad es que podemos educar al cerebro con un lenguaje más potenciador: aceptando lo sucedido y abiertos a ver que nos aporta esa nueva circunstancia. Al cabo de los años, vistas las cosas con perspectivas somos más capaces de ver todo lo que aquel dolor nos aportó en aprendizaje o en madurez.
Para eliminar ese sufrimiento que no nos aporta nada porque es fruto de nuestro dialogo interior, pensamos en lo siguiente:
- Independientemente del momento en el que nos encontremos echa la vista cinco años atrás y visualiza alguna situación que nos provocara dolor:
Y preguntarnos ¿qué obstáculos encontré para superar esa situación que me sobrevino? ¿Cómo lo he superado? ¿Qué barreras temía y qué pienso de ellas ahora que las he superado? ¿De dónde saqué la fuerza? ¿Por qué no he desistí? ¿Qué me hizo levantarte cuando no podía más?
La respuesta a estas preguntas nos ayudará a identificar y a visualizar los recursos que tenemos o que hemos adquirido para superar algunas cosas y nos servirá igualmente de trampolín para tener otra actitud ante muchas cosas que nos van a seguir pasando en la vida.
- Busca la ayuda de los demás. Que importante es tener verdaderos amigos, con los que podamos verbalizar nuestro dolor y nos puedan acompañar… esto es impagable. Es más fácil superar situaciones en la vida de esta forma.
Al dar más importancia a lo virtual que a lo presencial nos vamos haciendo cada vez más vulnerables. Desgraciadamente pocos líderes son conscientes de la importancia que tienen las conversaciones para la salud y la productividad de las organizaciones.
- Buena suerte, mala suerte… quién sabe? Tener una mirada más de medio/largo plazo
En mitos y leyendas, Anthony de Mello, cuenta que un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus vecinos le consideraban afortunado porque tenía un caballo con el que podía arar su campo. Un día el caballo se escapó a las montañas. Al enterarse los vecinos acudieron a consolar al granjero por su pérdida. “Qué mala suerte”, le decían. El granjero les respondía: “mala suerte, buena suerte, quién sabe”.
Unos días más tarde el caballo regresó trayendo consigo varios caballos salvajes. Los vecinos fueron a casa del granjero, esta vez a felicitarle por su buena suerte. “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”, contestó el granjero.
El hijo del granjero intentó domar a uno de los caballos salvajes pero se cayó y se rompió una pierna. Otra vez, los vecinos se lamentaban de la mala suerte del granjero y otra vez el anciano granjero les contestó: “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”.
Días más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Los aldeanos, ¡cómo no!, comentaban la buena suerte del granjero y cómo no, el granjero les dijo: “Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”.
- Nunca dejes que tus circunstancias las interpreten otras personas en clave negativa
Identificar todo lo bueno que te sucede en el día a día…no te acostumbres a las cosas. Muéstrate agradecido. Esto te ayudará también a educar tu cerebro y afrontar mejor las contrariedades y problemas.
- Conversa con las personas, ellas te enseñan a ver las cosas desde otros puntos de vista y te pueden potenciar.
Ser conscientes de la importancia que tienen las palabras que nos decimos a nosotros mismos en circunstancias complicadas o dolorosas.
